En exclusiva, el nuevo cuento de Pablo Mendez Monti.
El electroindio fue un rebelde de su raza. No quiso pertenecer más a su comunidad, y se vino a la city, a probar suerte. Después de vagabundear por los subtes, tocando un raro instrumento indígena. Se convenció de que ya no eran los tiempos de los instrumentos autóctonos. La strato mandaba en la city.
Así fue que mando un par de curriculums, y pego laburo en la web. Pronto le dieron su propia oficina dentro de los confines de la Internet.
Allí es que desempeño sus tareas por largos años. Tareas administrativas nomás. Organizaba archivos, dar de alta y baja matriculas, etc.
El electrondio vivió conforme por un tiempo, era todo un mundo nuevo para él. Luego, la monotoneidad de su trabajo lo agobio un poco. Pero en la Web siempre tenía algún contacto que lo distraía. Para salir de juerga conocía los passwords de las páginas mas osadas. Empezó a conocer hackers, su filosofía de vida lo contagió, y se convirtió en un idealista.
Pero un buen día, se encontró con un cracker, este le presento mucha gente de mala calaña, y allí se desvirtuó nuestro amigo. Comenzó a tener una fuerte adicción a páginas de casinos. Las crackeaba y así obtenía mucho dinero.
En el trabajo comenzó a ser descuidado, comenzaron a extraviarse papeles importantes, hasta que el gerente decidió al fin echarlo. Le dijo que necesitaba ayuda con su adicción, y le recomendó un buen psiquiatra. “Toma, este es el mejor psiquiatra que en la Web podrás encontrar" le dijo mientras le entregaba una tarjeta personal.
Así el electroindio cumplió 108 sesiones y al cabo de un año se encontraba libre de deseos de jugar otra vez al blackjack, aunque a veces lo tentaba la ruleta,
Y ni hablar el chichón. Así nuestro indio se encontraba libre de nuevo. Caminando por las autopistas informáticas un buen día dio a parar frente a un buscador. Quiso saber de su familia. Preguntó, y le dijeron que ésta había muerto. El gobierno les habia expropiado las tierras, y sin dinero ni techo, una fuerte peste atacó a la comunidad entera. Muy pocos sobrevivieron..
El electroindio se indignó. Pensar que el había estado sirviendo a una empresa contratada por el estado, y el estado así le pagaba.
Al oír esto, sus instintos resurgieron, y largo el “aubaubaubaubaubah!" más profundo que se escucho en todas las emisoras de radio online. Este fue su grito de guerra.
"Olvidan que todavía conozco todas las claves del sistema" pensó por dentro.
Así sin previo aviso comenzó sus ataques contra el sistema.La palabra "venganza" resonaba en su cabeza.
Primero empezó con sutiles modificaciones: Alguna que otra inscripción a examen de algún alumno, luego siguió con las cursadas. La compensación por la muerte de su familia debía ser mayor. Cuentan que los últimos ataques ya eran contra las matriculas anuales, y ya nadie sabe contra que seguirá a la carga nuestro electroindio.
Así es que. Si hoy intentás inscribirte por Internet a tu carrera, o anotarte para rendir, y la página no te responde. O te presentas a rendir, y ya no figuras en el acta, ten presente: Nuestro electroindio sigue en la lucha. Su sed de venganza aun no ha sido saciada..
Mendez Monti Pablo Esteban
Si querés chatear con el indio, a lo mejor lo encontrás acá